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martes, 29 de junio de 2010

El Pequeño Frailecillo Segunda Parte

El Pequeño Frailecillo Segunda Parte

El pequeño frailecillo. Se había convertido en un monje de capucha y llavero grande. Con llaves mágicas, de esas que abren todas las puertas. Menos las del cielo, ¡claro esta! Y tampoco las del infierno, porque hasta el diablo tiene normas y respeta las competencias ajenas.

Conforme pasaron los años y hasta mil novecientos noventa y nueve. En el que Vargas Alzamora deja de ser arzobispo de Lima y lo sucede en el cargo; El actual prelado, Luis Cipriani. Una joyita de alta orfebrería del que hablaremos más adelante.

El pequeño frailecillo, que no tenía más apoyo que si mismo, comienza a perder piso y a tratar de repartir el botín de forma dispersa. Pero a buen recaudo, desde el punto de vista legal. Tratando de protegerse del nuevo “dueño en ciernes” quien comenzaba a hacer sentir su presencia.

El mal llamado actualmente, Hogar de Cristo, que en un comienzo del mandato de Vargas Alzamora, contaba con los cuidados que este le prodigaba. No era más que un conducto “legal” eclesiástico, para captar dinero de las donaciones que venían del sector privado, nacional y exterior. Del total de donaciones, solo quedaba un veinte por ciento y el resto: es materia de una investigación, que hasta el momento no se ha podido hacer, porque el clero cuenta con inmunidad fiscal. Perdón, impunidad, quise decir.

El pequeño frailecillo. Comienza a apertrecharse y ha acuartelarse como monja de clausura, en época de saqueo. Pero con desmesurado cinismo he impavidez pública. La victima perfecta para la adormecida parroquia limeña. Que solo sabe rezar, pedir y aceptar todo pan como limosna.

Hoy en día. Este Sr. curita, esta siendo blanco de una serie de acusaciones. Entre las que se le imputan: descuido de atenciones a los ancianos que asiste en su albergue y pornografía infantil en las instalaciones del “hogar de Cristo”

Denuncias van, denuncias vienen. Pero en ningún juzgado se detienen. A pesar que hace unos años. Fue sorprendido en el circuito de playas, en una situación, poco envidiable, para los militantes practicantes de la masculinidad..

Como se puede creer, si un representante del ministerio de Díos, actúa con tanta desfachatez, impunidad y desparpajo. Creo que la parroquia peruana y mundial merece un respeto y transparencia.

Si este frailecillo, pretende ser un mortal; que lo sea. Con sus riesgos y sus aciertos, con sus pecados y sus arrepentimientos. Pero a titulo personal y no amparándose, bajo la oscuridad de una sotana y la sombra de una santa cruz.

Pecar es tentador, tiene su encanto y plato de fondo de todo cristiano. Pero siempre asumiendo la responsabilidad de nuestros actos.

Próximamente, hablaremos de la joyita de “orfebrería” que se las trae……………..

domingo, 27 de junio de 2010

El Pequeño Frailecillo


El Pequeño Frailecillo…. Primera Parte

Érase una vez un pequeño frailecillo, que quería tener dinero, poder y fama. Tantas fueron sus plegarias, que el cielo decidió enviarle a un ángel para que le concediera tan ansiado milagrete.

Fue así que, en el año 1991, el Cardenal Augusto Vargas Alzamora. Entonces Arzobispo de Lima, lo nombra su secretario personal y lo inmiscuye en todos sus asuntos clericales y casi sacrosantos. Conocido por el nombre de Martín Sánchez y con apenas un cuarto de siglo de existencia el “pequeño frailecillo” se encontraba con un pie en las puertas del cielo. Un hombre humilde, el menor de cinco hermanos muy pobres todos y el era el único que se encargaba de cuidar a su madre.

El otrora monaguillo, convertido en todo un sacerdote, de sotana y sermón. Comenzaba a ejercer el poder de tras del poder, como es el destino de todas las sombras de los prominentes clérigos.

El asistir a un eminente cardenal, no es cosa fácil y mucho menos un juego de niños. ¡No señor! nada de eso. Es algo muy serio y que requiere mucha destreza y precocidad en el teje y maneje de la cosa sacra. Cosa que le cautivaba y nacía al pequeño frailecillo.

El tocayo del santo moreno de Lima, ya comía en plato hondo, con servilleta al cuello, meza larga y sequito a la orden. Se estaba perfilando como todo un Rasputín, con perversidad solapada incluida. Comenzaba a administrar los dineros de la empresa arzobispal, incluyendo agencias y sucursales. Pero como al pequeño frailecillo le encantaba la música afro-peruana...Se pegaba unas cajoneadas de padre y señor mío, le crecieron las uñas, los dedos, las manos y hasta los dientes. De manera inexplicable y sin mediar mas que un “milagro” le regalo una casa a su madre. Que duda cabe de que era un buen hijo. De lo que no estamos seguros es que, si era un buen cristiano con alma de buen samaritano. “Por sus obras los conoceréis” reza un pasaje bíblico. Palabras atribuidas a Jesús Cristo. ¡Bueno!……..guardando las distancias.

La primera pregunta es: ¿Cual es el sueldo de un sacerdote? (si lo tiene). Para no dejarlos con la duda les diré que: oficialmente ninguno. Solo reciben una cantidad simbólica, como para cubrir sus gastos mínimos. No creo que comprar una casa, sea un gasto mínimo.

El pequeño frailecillo, fue tomando forma y comenzó a crecer como un pequeño mounstrillo diabólico, disfrazado de abate pueblerino, entremezclado con pitucón de media mampara y con aires de gran clérigo perdonavidas.

Mientras el cardenal, ejercía sus funciones publicas y atendía los grandes eventos y tomaba las decisiones de relevancia. El pequeño frailecillo, correteaba por las sacristías y dispensarios, como moro sin bautizo. Levantando todo cajón con signo de arca llena, que le pudiera servir para cubrir sus “precarias necesidades”

De estas andadas, nace la luminosa y peregrina idea del cardenal Vargas, de entregarle la administración y supervisión del hogar de Cristo, al pequeñajo curita, además de otras funciones relacionadas con la administración religiosa, propias de su eminencia.

Es así, que el pequeño frailecillo, va tomando cuerpo y haciéndose cada vez más grande y más fuerte. Nada se movía sin su amen y nadie comulgaba, si no era con sus hostias.

El cardenal había pasado a un plano, totalmente decorativo, figurativo y pasivo. Esto, en cuanto al aspecto administrativo. Porque en lo clerical, ejercía sus funciones de manera regular. Pero siempre con una oreja inclinada y atenta al último de los susurros de su frailecillo predilecto. Quien tenía la ultima palabra en cuestión de elección de tal o cual cristiano. Para tal o cual cosa. Ni el viento ni las nubes se movían sin su anuencia. Podíamos decir que: Lima tenía su Rasputin. Corregido y aumentado, en edición de lujo, como en los grandes imperios de la antigüedad. Nada que envidiar a la historia universal.

Quien este pensando que la he tomado con la curia. Espere ha seguir enterandose de lo que sigue, en la segunda parte…………..